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febrero 29, 2024

Los desafíos del impuesto al metano para los ganaderos de Nueva Zelanda

A partir del año 2025 los productores de ganado de Nueva Zelanda deberán cumplir nuevas condiciones al aplicarse el “impuesto al eructo” que gravaría las emisiones de metano y óxido nitroso del ganado.

¿Cómo adaptarse a esta nueva realidad? La publicación australiana Beef Central consultó a ganaderos neozelandeses sobre esta iniciativa.

“Lo primero que tendremos que hacer es reducir la carga de ganado en los campos, lo cual es improductivo para una economía tan dependiente de la agricultura”, dijo Mark Stokman, director de una cabaña de Angus en la Isla Norte.

“He tenido la idea de plantar árboles en algunas de nuestras colinas más empinadas para compensar nuestras emisiones. Pero no quiero hacer eso porque creo que todavía podemos pastar ganado y producir alimentos. Como raza humana, no comemos árboles y creo que nuestra carne roja seguirá siendo una fuente importante de alimento”, dijo a Beef Central.

Este productor no cree que haya suficiente evidencia de que el mercado pagará una prima por la carne vacuna baja en carbono como para justificar una reducción en la tasa de carga.

Aunque Nueva Zelanda ha estado investigando sobre el secuestro de carbono en los suelos, no tiene un sistema de bonos de carbono como el de Australia, algo que los productores neozelandeses proponen impulsar en su país.

Los ganaderos entienden que el gobierno debería empezar por reconocer el secuestro de carbono ya presente, pero en el balance de emisiones no se reconoce la captura a través de árboles para cobertura, pastos, suelo y setos.

Riesgos forestales

“Da bastante miedo ver buenos campos siendo ocupados por plantaciones de pino porque los desarrolladores de carbono tienen el dinero para gastar en la tierra”, dijo Jake Stokman, hijo de Mark, advirtiendo que algunos productores podrían considerar abandonar a ganadería.

Según el organismo Beef + Lamb NZ (equivalente al INAC), el país era un caso atípico en el mundo al permitir que plantaciones de pinos a gran escala y sin límites con los créditos de carbono. Advierten además de los riesgos de las plantaciones forestales en casos de inundaciones o incendios forestales.

Los ganaderos perciben que se utilizan como chivo expiatorio con respecto a las emisiones globales y que la forestación está permitiendo que los grandes emisores sigan emitiendo y pagando compensaciones.

Forbes Cameron, quien maneja 6.000 ovinos reproductores y 600 vacunos en la Isla Norte dijo que las plantaciones de árboles han sido un desastre para el país y que muchos montes “están en áreas inclinadas, muy ventosas y sin acceso para los bomberos. Entonces, si se incendia, será casi imposible apagarlo, lo que creo que es algo serio”.

Su primera reacción a la nueva legislación ha sido instalar cápsulas para medir las emisiones de unos 300 ovinos por año.

Según Cameron, con poca actividad minera e industrial, Nueva Zelanda “es una gota en el océano mundial de las emisiones” y por eso considera que “la producción agropecuaria está siendo castigada”.

Cuestionan fórmula de medición

Según Beef + Lamb NZ, el gobierno debe cambiar la forma en que presenta las emisiones de la ganadería (Global Warming Potential 100, GWP100) y centrarse en el impacto del calentamiento.

“Sabemos que la métrica GWP100 sobreestima el impacto de calentamiento del metano cuando las emisiones son estables o están cayendo y, por lo tanto, no es apta para el propósito de comparar las emisiones de larga y corta duración”, dijo Sam McIvor, director ejecutivo del principal organismo ganadero del país.

“Los sistemas agrícolas pastoriles de Nueva Zelanda ya brindan un modelo a seguir para otros, ya que nuestra carne roja tiene una huella de gases de efecto invernadero que se encuentra entre las más bajas del mundo, mejora la biodiversidad y tiene uno de los niveles más altos de bienestar animal en el mundo”.

“Debido a esto, apoyamos que el gobierno de Nueva Zelanda asuma una posición de liderazgo en el cambio climático agrícola y sugerimos que un buen punto de partida sería una coalición internacional que reconozca la naturaleza de corta duración del metano biogénico y lo gestione adecuadamente”.

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