Eficiencia ovina: convertir alimento en lana y carne con menos gastos y costos ambientales

                                          Medición de emisiones de metano en ovinos

Los ovinos más eficientes consumen hasta 25% menos alimento que los animales menos rendidores. “En términos de ganancia de peso, es un margen muy interesante”, afirmó Ignacio de Barbieri, investigador del Programa de Carne y Lana del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA).

Este es un hallazgo del programa Smarter, dirigido a la valorización de la producción ovina desde una perspectiva que integra genética y ambiente. Fue presentado a unos 100 productores en una jornada en Tacuarembó que incluyó exposiciones teóricas y demostraciones prácticas.

“Entre los animales superiores en eficiencia y aquellos inferiores, hay 25% de diferencia en el consumo, lo que confirma la bibliografía”, reafirmó de Barbieri, quien define a la oveja del futuro como “robusta, eficiente y amigable con el ambiente”.

Este ovino “del futuro” debe apuntar a una alta producción reduciendo a la vez las emisiones de metano, y sin comprometer su bienestar y estado sanitario. La calidad de vida del animal es un componente de valor, tanto como su desempeño.

Para avanzar en esta dirección de una forma práctica es necesario que la investigación esté alineada con las necesidades de los productores y los requerimientos del mercado: herramientas que no requieran inversión, relaciones causa-efecto que ofrezcan pautas para el manejo y la reproducción, datos genéticos y de condición corporal.

Hay muchas formas de medir la eficiencia, afirma De Barbieri. El sesgo de conversión de alimento apunta a un dato de doble propósito: por el lado el nivel de consumo y por otro la reducción de emisiones de metano, que en la producción ovina no está aún tan desarrollada como en bovinos pero que empieza a ser un componente ambiental y de valor del producto.

Los animales que producen igual, pero consumen menos, bajan un costo de producción y mejorar los márgenes de rendimiento económico.

Los productores pudieron conocer la plataforma de fenotipado intensivo instalada en el establecimiento La Magnolia, donde se miden eficiencia de consumo y emisión de gas metano. Los animales son colocados en compartimentos en los que se miden individualmente las emisiones de metano durante 50 minutos.

La vertical ambiental del proyecto incluye caracterizar el medio ambiente en términos de biodiversidad, stock de carbonos, el análisis de la calidad del agua, el índice de seguridad ecosistémica, y la huella ambiental de los rumiantes “a través del análisis del ciclo de vida”.

Además de la responsabilidad de cuidar el medio ambiente y “dejar algo igual o mejor de lo que recibimos” en la valorización de los productos agropecuarios es cada vez mayor que los consumidores finales prefieran productos que tengan esta caracterización medioambiental mediante certificaciones, algo que mueve un beneficio económico a lo largo de la cadena, ya sea carne o lana.

Uruguay es el único país fuera de Europa que participa del proyecto Smarter, financiado por la Unión Europea: son 27 instituciones académicas, organismos públicos y privados de 13 países, entre ellos Noruega, Escocia, Irlanda, Francia y España.

Visión integral

Los investigadores de INIA en conjunto con instituciones como la Universidad de la República y el Secretariado Uruguayo de la Lana, realizan mediciones en diferentes puntos del país que les permiten conocer múltiples características de las poblaciones de las razas Merino Australiano, Merino Dohne, Corriedale y Texel que están bajo su evaluación genética.

“Habitualmente el foco está en características de producción y calidad de producto, pero con las mediciones que hace INIA se evalúan también variables de salud, bienestar animal, comportamiento, eficiencia y emisiones, entre otras. Así logramos una visión integral del animal y también del sistema donde está produciendo, ya que se realizan mediciones de características medioambientales en los propios predios comerciales de los productores de lana y carne ovina. Ese es un diferencial”, explicó el Ing. Agr. Ignacio De Barbieri, investigador del Programa de Carne y Lana de INIA.

Para evaluar la productividad, uno de los proyectos que lidera el instituto busca generar y poner a disposición herramientas de selección objetivas y precisas que promuevan el mejoramiento genético en aquellos rasgos económicamente relevantes para los diferentes sistemas de producción.

En lo que refiere a rasgos de resiliencia en condiciones ambientales cambiantes y desafiantes, actualmente INIA tiene proyectos en los que evalúa el temperamento del ovino y su sistema inmunológico, y otro en el que trabaja para desarrollar herramientas para el control de los parásitos gastrointestinales que lo afectan.

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