La lechería de Nueva Zelanda se prepara para afrontar los riesgos de El Niño, que amenazan los márgenes de los productores

Las proyecciones meteorológicas que apuntan a una intensificación del fenómeno de El Niño encienden luces amarillas en la producción lechera de Nueva Zelanda.

Las regiones productoras de este estarán más expuestas a sequías y vientos huracanados, condiciones pueden reducir las reservas de materia seca disponibles y contribuir al estrés térmico del ganado.

En la otra vereda, las zonas productoras del oeste del país tienen riesgos de sufrir tormentas intensas e inundaciones. Estos fenómenos pueden interrumpir la infraestructura y provocar cortes de energía. Las interrupciones en el suministro eléctrico pueden impedir el funcionamiento de los equipos de ordeñe automatizados y los sistemas de refrigeración de la leche.

El uso estratégico del nitrógeno se ha identificado como una prioridad para los productores lecheros, junto con una planificación más avanzada de la alimentación en otoño. Los productores deben asegurarse de que la temperatura del suelo haya alcanzado los umbrales biológicos mínimos necesarios para la respuesta del forraje antes de aplicar fertilizantes sintéticos. Esto tiene como objetivo reducir el riesgo de arrastre de nutrientes y pérdidas económicas.

También se hace hincapié en la planificación de la alimentación ante la posibilidad de periodos secos durante el verano. Se espera que los ganaderos contraten con anticipación ensilaje suplementario y compra de granos, claves para la producción de sólidos tras el pico estacional y para evitar la necesidad de retirar el ganado cuando el forraje es insuficiente.

Los precios de la leche al productor han comenzado a situarse en niveles considerados estructuralmente viables. Sin embargo, la suba de costos está reduciendo los márgenes operativos en todo el sector lácteo de Oceanía. El encarecimiento de la ración importada, la energía, los insumos para la salud animal y el costo del mantenimiento del capital han aumentado, elevando así la base de costos subyacente para las empresas lácteas.

Por lo tanto, un mayor ingreso bruto por cada kilo de sólidos lácteos no garantiza por sí solo la rentabilidad del establecimiento lechero. Los flujos de caja de las explotaciones siguen expuestos a una producción inferior a la prevista y a costos adicionales de alimentación no contemplados en los presupuestos. La combinación de riesgos climáticos y elevados gastos operativos ha incrementado la importancia de las reservas de alimento, la planificación de insumos y la planificación de contingencias para los productores lecheros.

En base a Dairy News

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