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noviembre 26, 2020

La resilencia ganadera en un verano caliente

La ganadería enfrenta un doble golpe que la tiene atontada. La segunda ola del Covid arrecia, la Niña y su prevista sequía arrecian. Menos demanda de un lado, más oferta del otro. Un problema adicional es que esto sucede luego de una escalada inversa causada por otro virus, el de la Fiebre Porcina Africana que desmembró a la producción de carne de cerdo de China y disparó las importaciones de carne vacuna, el corte que fuera al precio que fuera.  Un año atrás se forjaba el no cumplimiento de la Hilton porque era más negocio mandar todo a China. Ahora no podemos mandar a la Hilton porque la demanda es mínima y el precio es acorde a esa demanda mínima.

Brasil, mucho menos dependiente de la demanda europea, con competitividad cambiaria y una inercia exportadora imparable se ha quedado escaso de materia prima y paga un premio inusual por el novillo gordo. Argentina con competitividad cambiaria sigue exportando sin mayores novedades.

La industria uruguaya tras perder dinero durante dos años, no está dispuesta a regalar nada y compra al precio más bajo posible. Es una tormenta importante, pero si algo tienen estos tiempos de alta tecnología es que las sequías se pueden anticipar. Desde hace seis meses por lo menos que los miles de termómetros del Océano Pacífico avisan del enfriamiento y la probabilidad alta de falta de agua.  Es previsible que con sequía y pandemia el precio va a bajar. Todos vemos con simpatía los precios altos y nos duele cada centavo que el precio del ganado en cualquier categoría baja pronunciadamente.

Los caminos de la trazabilidad y una integración creciente de la cadena son procesos irreversibles e inevtiables, o Uruguay terminará siendo un gran bosque. El árbol de la sequía y la pandemia no pueden ocultar el panorama más amplio: la ganadería será la manera exitosa de valorizar nuestros campos naturales y nuestros sistemas agrícola ganaderos o seremos una colección de empresas de celulosa.

Fronteras abiertas e información abierta, empresarios informados tomando decisiones libremente y apostando a valorizar cada vez más el producto es el único camino posible. No se le puede pedir a la industria que perdió durante un período muy largo por falta de materia prima y precios por encima del equilibrio, que ahora rehúse a precios que le den una ganancia.

Sí se le puede pedir que colabore para que la lógica de precios no termine con una liquidación del stock de vientres, que no impere la lógica de “mejor producir menos terneros para que sean más valiosos”. Renunciar a crecer para jugar un juego de suma cero sería un destino mediocre para la ganadería uruguaya y un desastre ecológico cuantificable en hectáreas perdidas de pastizales nativos.

Ese campo natural que da resiliencia, capacidad de recuperación apenas llueva, es una metáfora de la resiliencia que tiene que tener la ganadería para sortear períodos inusualmente adversos en tiempos en que la competencia por la tierra será fuerte. Un verano Niña en tiempos de calentamiento global y pandemia, será un verano caliente y difícil. Un piso de precios que ayude a amortiguar las adversidades de este verano  ¿a qué nivel cotiza?

Este jueves INIA, Plan Agropecuario, volverán a dar pautas de como preñar las vacas en este entore. No podemos renunciar al crecimiento.  Es casi un mandato existencial para el país más ganadero del mundo.

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