La ganadería no se defiende con fake news

Por Eduardo Blasina

Diarios prestigiosos y personalidades han proclamado que el mito de que los vacunos tienen incidencia en el cambio climático se habría derribado por un estudio de la Nasa. Se muestra allí un mapa y Argentina aparece en un tono destacado verde.

¿Dónde está el truco? El estudio evalúa solamente el balance de CO2, no el de metano ni el de nitrógeno que son las sustancias problemáticas.

Sorprendentemente el IPCVA de Argentina salió a hacer un marketing que ojalá nunca haga Uruguay sobre esa base.  Un satélite que solo mide CO2 puede dar muy bien. Pero lo que el mundo y los clientes informados de la carne vacuna mirarán es el balance de todos los gases involucrados en el mayor problema de la humanidad en este siglo.

Solo será efectiva una estrategia de defensa de la carne en base a la verdad. Y la verdad es bastante más compleja. La ganadería bien manejada puede ser si positiva para el CO2 si logra un pastoreo que incorpore materia orgánica a los suelos. Pero la cuenta es mucho más compleja y los esfuerzos por reducir las emisiones de metano y de óxido nitroso son imprescindibles si queremos que la carne vacuna siga siendo aceptada por el público que busca información fidedigna sobre el cambio climático, el calentamiento en particular y las emisiones vinculadas a la ganadería.

Esa información con un título falso que increíblemente reprodujeron La Nación, Clarín y el propio IPCVA, hace daño porque tienta a tomar la estrategia de la negación ante un problema real. Y como bien dijo Ayn Rand, podemos negar la realidad, pero no podemos evitar las consecuencias de negar la realidad.

Si negamos el cambio climático o la incidencia que tiene en el fenómeno cualquier actividad empresarial, ganadería, industria, transporte, vestimenta, construcción, estaremos adoptando una estrategia equivocada. Tal vez estos calores de marzo, tan sintomáticos de la fiebre que ya aqueja al planeta ayuden a que la ficha caiga y las medias verdades con títulos que inducen al error no prosperen en Uruguay, cuyo diferencial de competitividad no es el tamaño sino la seriedad con que hace las cosas.

Lamentablemente la fermentacion anaeróbica, en el fondo de un lago o en el de un rumen, genera metano. Afortunadamente la ciencia en Uruguay ya está trabajando para mitigar ese problema. Mientras, dejemos que otros repitan la estrategia del avestruz.

Para ver el artículo original, que solo refiere a emisiones de CO2, ver:
https://www.nasa.gov/feature/jpl/nasa-space-mission-takes-stock-of-carbon-dioxide-emissions-by-countries

PD: en emisiones de CO2, sí estamos muy bien.

 

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