La producción de alimentos de forma sostenible, segura, suficiente, accesible y nutritiva es uno de los mayores desafíos globales. En ese contexto, la gestión de los residuos de productos fitosanitarios, los límites máximos de residuos (LMR), la evaluación científica del riesgo y la comunicación con la sociedad fueron algunos de los ejes abordados en una actividad organizada por la Cámara de Comercio de Productos Agroquímicos (Camagro)el 16 de octubre con motivo del Día Mundial de la Aimentación.

Roberto Fontaina, presidente de la Cámara planteó que uno de los grandes desafíos a escala global es producir alimentos de manera sostenible, segura, suficiente, accesible y nutritiva. En materia de residuos, destacó la importancia de contar con un sólido proceso científico y regulatorio.
Los límites máximos de residuos son una herramienta para garantizar la inocuidad de los alimentos y deben considerarse dentro de un enfoque integral que involucre a la producción agrícola moderna, el comercio, la industria, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) y el Centro de Información y Asesoramiento Toxicológico (CIAT).
Ramiro Vaca, de la Dirección General de la Granja, se refirió al trabajo de transferencia y capacitación en aplicaciones, que alcanza a entre 2.000 y 3.000 productores por año, así como a la implementación de manejos regionales de plagas.
Por su parte, Gonzalo Kmaid, representante de la FAO, señaló que el desafío central consiste en mejorar los sistemas alimentarios y sostuvo que no existe una contradicción entre la producción y el cuidado del ambiente.
Comunicación y percepción del riesgo
Claudio Canales, asesor creativo del Instituto Federal Alemán de Evaluación de Riesgos (BfR), abordó en una videoconferencia el desarrollo de estrategias de comunicación, la percepción del riesgo y la comunicación de la evidencia científica. Planteó que en estos procesos se combinan la emoción y los sentimientos con la evidencia científica.
La comunicación del riesgo debe aportar elementos que permitan cuestionar, comprender y tomar decisiones. En ese marco, planteó la pregunta: ¿qué tan seguro es seguro? La percepción del riesgo es algo que se aprende a interpretar y que influye en la manera en que la sociedad evalúa distintas situaciones.
Límites máximos de residuos: qué significan y cómo se evalúan
Paulina Marchant, especialista en Evaluación de Riesgo por la Dieta y Límites Máximos de Residuos (LMR) para América Latina en Bayer CropScience, explicó que los residuos están vinculados con la nutrición y la disponibilidad de alimentos.
La presencia de un residuo es una huella de que hubo una aplicación, pero su detección no significa por sí misma que exista un riesgo. Los residuos se miden en miligramos por kilo y la cuestión central no es solamente si están presentes, sino en qué cantidad y cuánto consume una persona del alimento que los contiene.
Marchant subrayó que el límite máximo de residuos no es un límite toxicológico, sino un estándar legal de origen agronómico.
Para establecerlo se consideran aspectos relacionados con la eficacia del producto, las dosis y el número de aplicaciones, y las condiciones de uso más intensas en las que potencialmente podría utilizarse.
Luego, esos valores se comparan con los límites toxicológicos, que permiten evaluar cuánto puede consumir una persona sin que ello represente un riesgo para la salud.
También señaló que existen diferentes enfoques regulatorios. En la mayoría de los países, las decisiones se toman sobre la base de la evaluación del riesgo. En cambio, la Unión Europea aplica en determinados casos un enfoque basado en el peligro potencial de una sustancia, es decir, en su capacidad de producir daño. Este criterio puede llevar a restringir sustancias por sus características de peligro, aunque ello no implique necesariamente que exista un riesgo en las condiciones concretas de uso. Esa diferencia explica parte de las divergencias regulatorias entre países.
La evaluación toxicológica contempla tanto la exposición aguda como la crónica. La primera analiza los efectos asociados a una exposición de corta duración, mientras que la segunda considera el consumo acumulado a lo largo de toda la vida. Para establecer la ingesta diaria admisible se identifica un nivel de consumo sin efectos adversos observables y se aplica un factor de seguridad de 10. De ese modo se determina la cantidad que puede ingerirse diariamente durante toda la vida sin que se esperen efectos adversos, según la evaluación.
Este criterio se aplica a distintas sustancias, no solamente a los productos fitosanitarios. Por lo tanto, no se trata de contraponer sustancias naturales y sintéticas: ambas deben evaluarse según sus características y el nivel de exposición. Como ejemplo, se mencionó la sal, cuyo consumo también requiere límites y recomendaciones.
Durante la exposición ilustró cómo se relacionan la concentración de una sustancia, el consumo y la evaluación del riesgo con el caso de un niño de 16 kilos que, para acercarse al nivel de toxicidad en las manzanas, debería comer 275 manzanas en un día, o 55 manzanas diarias durante toda la vida en un escenario de exposición crónica.
También se ejemplificó cómo un aumento de la concentración de una sustancia del 0,02% al 0,5% —25 veces— podría convertir un producto en no conforme por un problema en la aplicación. Sin embargo, superar un límite máximo no implica automáticamente que exista un riesgo para la salud.
Cuando se detectan residuos por encima del LMR, el resultado se considera no conforme y corresponde evaluar si existe un riesgo agudo. La evaluación debe determinar si la exposición derivada del consumo puede superar los niveles de referencia toxicológica. El riesgo crónico, por su parte, se analiza considerando la exposición durante toda la vida y no tiene necesariamente la misma magnitud que el riesgo asociado a una exposición aguda.

Intoxicaciones, vigilancia y fiscalización
En el panel final, Alba Negrín, del CIAT y vinculada a la Unidad Pediátrica Ambiental, se refirió a las intoxicaciones por plaguicidas. Sobre un total de 14.000 consultas, las vinculadas con plaguicidas representan una proporción menor que las relacionadas con medicamentos.
Se registran unos 720 casos anuales de intoxicaciones agudas y crónicas por plaguicidas. Entre los grupos involucrados figuran mayoritariamente trabajadores y varones, mientras que, en el caso de los niños, se señaló la disponibilidad de estos productos en el medio rural como un factor relevante. Negrín advirtió que los datos permiten establecer escenarios de riesgo y reconocer que existen situaciones que requieren vigilancia.
En ese marco, se desarrolla un proyecto piloto en la cuenca del San Salvador para vigilar los efectos en la salud de los trabajadores expuestos.
Alex Hughes, Director de la División Control de Insumos del MGAP, abordó las herramientas de regulación y control, entre ellas el registro de productos, las etiquetas, los períodos de carencia y la fiscalización. Aclaró que los 720 casos anuales mencionados incluyen también productos veterinarios y que las intoxicaciones vinculadas específicamente con plaguicidas son bastante menos numerosas.
En materia de fiscalización, indicó que el MGAP tiene controles en cultivos extensivos y en los productos hortifrutícolas los realiza la Unidad Agroalimentaria Metropolitana (UAM). En 2022 se contó con financiación externa para realizar controles en el sector hortifrutícola. En ese relevamiento, el 4% de 243 muestras presentó valores por encima de los límites máximos de residuos.
Hughes identificó el desvío de uso como un problema serio. En los cultivos extensivos, sostuvo, no se registran problemas con los productos fitosanitarios en materia de registros.
