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febrero 11, 2026

Un momento para pensar muy bien qué hacer

Esta semana los precios superaron las referencias máximas de 2022, y al productor gradualmente se le van yendo los temores de que se repita la historia de aquel año, que fue un pico impresionante de suba seguido de uno todavía mayor de bajada. Ahora, tal como estaba previsto por el gigante hueco de carne vacuna faltante en el mundo los precios son altos en forma persistente y sin síntomas de baja, por datos que veremos más adelante. Quien quiera reponer después de las lluvias pagará dinerales, pero solo dos eventos pueden hacer descarrilar una etapa histórica de la ganadería: que llegue carne con residuos de medicamentos o que la geopolítica desate un caos nuclear. Por oferta y demanda, esto va para largo porque ni EEUU ni la Unión Europea ni China están en condiciones de mejorar su oferta de carne. Podría decirse que Brasil por dos años al menos, tampoco.

Este aumento de precios que se ha ido consolidando desde hace un año aproximadamente y que llega en este momento a su máximo permite sortear dos situaciones que habitualmente generarían una presión bajista en las cotizaciones: el faltante de agua en zonas del país y la “ventana de cuota” el período trimestral de más salida de ganado a corral. Nada de eso altera la avidez de la industria por novillos. Y es un preámbulo perfecto para la zafra de terneros que comenzará sobre fines de mes y que probablemente se demore. Para los criadores cada kilo ganado vale tal vez cerca de cuatro dólares y aunque la moneda de EEUU valga poco, cada kilo vale mucho.

Los US$ 6 que se ofrecen para los novillos de corral y precios no muy distintos para las vaquillonas están generando cambios en toda la cadena.

¿Qué estrategia para cada establecimiento en una situación tan diferente a todo lo anterior? ¿Hay que apretar el acelerador a fondo en la intensificación? ¿Hay que convalidar cuatro dólares por kilo vivo de ternero? Momento totalmente apasionante para la carne vacuna. Y todavía más para la carne ovina  que parece estabilizar por primera vez en la historia precios de exportación de más de US$ 7.000 por tonelada.

Como flotando en una estación espacial, no es fácil entender donde está el piso y el techo de las actuales cotizaciones. Pero si ningún productor comete una imprudencia sanitaria y los líderes nucleares no apretan botones rojos, hay que repensar muy bien como aprovechar esta situación estructuralmente inédita y tan favorable.

Si se concretan las lluvias que empezarían esta noche y seguirían hasta el 18, el agua generará que el precio de la reposición sea un fuego, pero la relación de reposición será la «normal» de toda esta extraña nueva normalidad ganadera.

Vale incluso más para la carne ovina que por primera vez cruza los US$ 7.000 y donde la caída de la oferta es todavía más aguda que en carne vacuna.

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