Opinión

Uruguay basura cero

16 de noviembre de 2014
Uruguay basura cero

Por Eduardo Blasina

Proponía Mahatma Gandhi que uno debía plasmar en sus hechos cotidianos la ideología que tuviese. “Se el cambio que quieres ver en el mundo”. Tal vez el mundo sea demasiado ancho y ajeno, pero si un cambio sería hermoso de ver en Urugauy es el de un país plenamente limpio.

Sin excrementos de perro en las veredas, sin bolsas de nylon en los campos, sin envases de plástico por todos lados. Podemos reclamar a gobiernos o a intendencias, podemos adjudicarlo a la perversa sociedad de consumo o a la ineficiencia del Estado. Pero al final del día, quienes tiramos la basura a la vía pública somos cada uno de nosotros y ese es el origen del problema. Al menos eso propone un movimiento que viene creciendo velozmente  en el mundo y ha llegado a uruguay. Su propuesta es simple: basura cero.

¿Cuándo se convierte una botella de agua que compramos en un supermercado en basura? Llega a nuestra casa perfectamente limpia ¿porqué debemos devolverla a la sociedad convertida en basura?

Según el activista brasileño Ricardo Sabatini, presidente del Instituto Lixo Zero Brasil e integrante del Zero Waste International Alliance, el problema tiene una de sus raíces en el entrevero que solemos hacer en nuestras casa de residuos que son –cada uno individualmente- valiosos.

Bastaría con separar vidrio, plástico, papel y orgánicos para permitir la conservación del valor de los productos y evitar los graves problemas que tanto las urbes como las zonas rurales tienen con las cantidades crecientes de basura que genera una economía en crecimiento en su Producto Bruto Interno pero también en sus residuos. El entrevero es una de las claves del problema.

Por separado, lo orgánico permite realizar compost. He aquí una primera vía para convertir las cáscaras de frutas y verduras, la yerba usada en algo valioso, una tierra fértil repleta de lombrices felices. ¿Qué impacto social tendría que desde las clases altas a las bajas, estos restos se reciclaran, las huertas urbanas se multiplicaran y generaran una reducción en los residuos, una fuente de alimentos orgánicos y una línea de aprendizaje para niños y adultos?

¿Qué sucedería si instituciones que nuclean a decenas o centenas de trabajadores empezaran simplemente a separar la yerba del resto de los residuos y se conformaran redes de acopio y generación de tierra sacando ese residuo de los quemaderos?

Los plásticos reciclados tienen diversos usos, desde la elaboración de prendas como gorras y camperas, a la producción de estructuras como los espaldares de los viñedos, columnas o lomos de burro.

Una virtud que tiene la idea es su simplicidad: se trata de generar infraestructuras que permitan a los ciudadanos ejercer su ciudadanía: separar y entregar a recicladores los materiales cada uno por su lado.

¿Qué porcentaje de los residuos se reciclan en Uruguay? No es un dato muy divulgado públicamente, un primer obstáculo para plantearse metas que gradualmente vayan aumentando la tasa de reciclado.. Pero hay ciudades como Melbourne, San Francisco o Curitiba donde la tasa es elevada y la meta es llegar a la basura cero.

Seguramente en ningún programa político aparezca, no lo se. Pero para un país donde la educación es generalizadamente diagnosticada como problema y donde las actitudes de impaciencia y falta de cariño a una tarea determinada se plantean como algo generalizado, que un niño pueda ver como la yerba y las cáscaras de tomate y banana se van convirtiendo en tierra y como poniendo unas semillas de tomate, se obtienen nuevos tomates, es algo que para la gran mayoría de los niños resulta a la vez divertido y generador de un principio de responsabilidad: si queremos disfrutar de ver una planta crecer y dar frutos, debemos regarla. No es un sacrificio desmedido, pero requiere una cierta constancia y paciencia.

Esto puede parecer algo microscópico en relación a los grandes problemas nacionales. Pero allí también radica una fortaleza de la idea: está al alcance de cada uno. Quien no quiera basura tiene un primer paso para dar que es generar lo menos posible.

Suele anteponerse la ecología a la generación de puestos de trabajo. Pero este no es el caso. El camino de reducir la cantidad de basura genera puestos de trabajo y mejora las condiciones de trabajo actuales de quienes tienen que reciclar. Una tarea que es importante pero que no tiene porqué ser un premio por revolver la inmundicia, sino un digno proceso de agregado de valor a componentes limpios y previamente clasificados.

El movimiento basura cero viene creciendo fuerte en el mundo. No está atado a ideologías específicas ni a clases sociales. No reclama al Estado ni buscar derribar sistemas. Se centra en acciones positivas, simples, al alcance de cada uno.

Tuvo un primer paso en la Expo Prado, donde se reciclaron cientos de kilos de yerba a compost y se mostró el proceso a niños. Pero tiene muchos pasos para dar. Necesita de emprendedores, de innovadores, de creativos. Las posibilidades que abre son diversas. En Brasil está siendo una actividad sumamente útil para reinsertar a jóvenes que han caído presos de adicciones. En Siria e Irak está siendo usado por Naciones Unidas y ONG´s como actividad para niños y niñas que sobreviven a los traumas de la guerra en campos de refugiados.

Para la imagen de Uruguay de país natural es un potencial valorizador de marca. Para la calidad de vida de la gente tiene un impacto obvio. Para la colectividad científica uruguaya es abrir un conjunto de desafíos. El arte sin dudas será un aliado natural de la idea. Ya hay músicos en Uruguay como Nicolás Arnicho que construyen fascinantes paisajes sonoros con tubos, bidones y otros elementos de plástico fácilmente encontrables en la “basura”.

Los primeros pasos en Uruguay ya han dado frutos desde otra área en la que hay mucho por desarrollar. Para que pueda haber un reciclaje fácil y simple son necesarios buenos diseños que permitan manejar lo orgánico en el hogar o en el lugar de trabajo.

La semilla de la idea fue sembrada esta semana en el Centro Cultural España, donde se celebró la primera semana Basura Cero en Montevideo. Además de darse cursos de compostaje usando lombrices, presentarse diseños de recipientes prácticos para compostar, una red de sereno entusiasmo empezó a tejerse. Si, como está sucediendo en tantas partes del mundo, la idea germina y arraiga, puede lograr transformaciones profundas en la economía, la sociedad y la cultura uruguayas. Deberá encontrar las maneras de diseminarse por el conjunto del país. Es una idea que no depende de ayudas estatales, pero que bien podría ser de consenso de todos los partidos. Tanto las veredas limpias como los campos limpios son un objetivo simple que debiera abarcar a todos los espectros ideológicos y sociales.

Nos permitiría mejorar nuestra huella de carbono, hacia afuera, mejorar nuestros paisajes y evitar esas desagradables sorpresas que se pegan a nuestros calzados en las veredas, principalmente las de Montevideo. Desde lo más conceptual y difícil tal vez de percibir, a lo que nos agrede sin ninguna necesidad, desde lo más cotidiano a lo artísticamente más elevado, un conjunto de acciones por delante de las que Uruguay no puede quedar aparte. Hacen al aprovechamiento de la ventana de oportunidad que el país tiene.

 

 

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