Agricultura

Las lluvias dan un envión a la producción agropecuaria

17 de febrero de 2017
Las lluvias dan un envión a la producción agropecuaria

Por Blasina y Asociados, especial para El Observador

Desde hace casi un año las lluvias sobre Uruguay han estado notablemente por encima de lo normal. Con intermitencias apropiadas que desde abril hasta ahora han dado una mano para que la mayoría de las producciones. A partir del diluvio catastrófico de abril a la pausa de mayo que permitió que secaran los campos para sembrar trigo y cebada en fecha. Para los tamberos el barro quedó y complicó.

Pero lluvias oportunas permitieron un arranque temprano de la primavera, aunque con un freno de mano por el frío. Las lluvias de octubre fueron favorables para los cultivos y las pasturas. Como fue positiva la pausa de fines de noviembre y comienzos de diciembre para la cosecha de trigo y cebada.

Lo más importante ha llegado en este verano. Los meses más difíciles, enero y especialmente febrero, están cambiando radicalmente la perspectiva productiva para todo 2017 y en gran medida para 2018.

Las graves preocupaciones que acompañaron casi todo 2016, porque después del gran Niño se anunciaba que podía venir La Niña, dejaron paso al alivio por empezar bien 2017. Habrá una gran producción ganadera y agrícola. Alivio al menos para la mayoría, porque para el arroz y para los ovinos tanta lluvia y ausencia de sol complica.


Las lluvias del primer semestre de 2016 y los riesgos que se corrían estaban claros a partir del Niño fuerte que estaba instalado en la primavera de 2015. Puede así comprenderse la magnitud de las lluvias caídas en abril. Pero justamente en el otoño el Pacífico se enfrió, rápidamente El Niño fuerte se convirtió en Niña débil y había riesgos de que este verano fuera seco.

Finalmente las aguas del Pacífico permanecieron en una situación de Niña débil, muy cercanas a la neutralidad y se esperaba un verano normal. Pero ha sido lluvioso y en particular febrero apunta a superar largamente las lluvias normales.

Por otra parte, el Pacífico ahora recupera temperatura, está en situación neutral y empiezan a aparecer algunas proyecciones de un nuevo Niño en la próxima primavera. Los servicios meteorológicos estadounidenses asignan 50% de chance a ese escenario.

Da la impresión que el cambio climático favoreciera la formación cada vez más frecuente de Niños y que para Uruguay significará un aumento considerable en las lluvias promedio. Al menos eso es lo que ha ocurrido en los últimos 12 meses y puede generar cambios importantes. No tendrá valor estadístico, pero es claro que las lluvias de este verano superan largamente lo que se esperaría de un escenario entre neutral y Niña en el Pacífico.


 

Más terneros, más soja


Para la ganadería la situación generada por las lluvias es muy favorable. Salvo para las zonas inundables de Rocha que tuvieron problemas graves en abril pasado y vuelven a estar en riesgo, en 90% del territorio nacional la persistencia de lluvias abundantes es garantía de buenas pasturas y de buen desempeño ganadero. Y justamente en el este las lluvias han sido moderadas.

El actual entore se encamina a generar la mayor producción de terneros de la historia. Una tasa de destete que se puede acercar al 70% y una producción de crías que vuelve a acercarse a los tres millones. Con una población de vacas de cría estable en 4,2 millones, un destete de 70%, partiendo de un histórico de 65% y un 5% que sume el excelente estado de pasturas y rodeos, daría una producción de 2,9 millones de terneros que sería la mayor de la historia. Eso sería un alivio para los invernadores que han tenido que pagar a altos precios la reposición de sus ganados dada la estabilización de una producción de entre 2,6 millones y 2,7 millones, y la salida de unos 200 mil animales en pie.

El efecto recién se notará el año próximo, pero en términos generales para los productores ganaderos el efecto beneficioso de las lluvias ya se percibe en un engorde veloz y a bajo costo de las haciendas que ha sostenido una faena mucho más alta de lo habitual en enero y febrero.

En un país de alto costo, las pasturas bien regadas han sido un comodín para saltearse esa situación y facturar gastando poco. Tanto que la faena de vacas de la semana pasada fue la mayor desde 2010. Una situación que contrasta con el faltante de lluvias que afectó en febrero del año pasado al centro y este de Uruguay y que genera en esta zafra un faltante de terneros, que de todos modos tendrán más kilos de lo habitual por la buena producción pastoril del verano.

Más terneros por venir y el buen desarrollo de los vacunos debe permitir también una buena zafra reproductiva en esta primavera ya que será más fácil incorporar vaquillonas jóvenes a los rodeos de cría. Los efectos sobre la producción de carne y las exportaciones se sentirán más en el mediano plazo, ya sobre comienzos de la próxima década, en 2020 y 2021.

Lo mismo sucede con la golpeada lechería que tiene un alivio en la producción forrajera y en el buen desarrollo de los cultivos de maíz y sorgo. Podrán hacer silos, vender grano y contar con una disponibilidad de alimento mayor a la de un año normal.

El cimiento para una ansiada recuperación productiva que puede darse de marzo en adelante. La recuperación de la lechería también se verá sustentada por una baja en el precio de los granos, en particular de maíz y sorgo, porque si las lluvias dejan cosechar su impacto será importante especialmente sobre los cultivos de verano.

Récord de soja y maíz en camino


Si las lluvias paran a tiempo y dejan cosechar, el resultado de los cultivos de verano –soja, maíz y sorgo– será muy bueno y muy posiblemente se concreten récords de rendimiento. Las lluvias en febrero no deberían generar daños, más bien consolidarían el potencial de alta producción que se ha venido construyendo con las lluvias caídas hasta ahora.

Por la importancia de la agricultura de verano en Uruguay, que triplica en área a la de invierno, de no suceder problemas a la cosecha Uruguay estará creciendo fuerte en su producción y exportaciones, y en particular la soja volverá a darle un empujón al conjunto de la economía.

Las exportaciones del año pasado de la oleaginosa limitadas a 2,4 millones de toneladas justamente por las lluvias excesivas de abril pasarían a superar los 3 millones. Es más. Con un rendimiento esperable de 2.700 kilos, que no es para nada exagerado como producción, se estaría llegando a 3,4 millones de toneladas, un millón más que el año anterior, si hay sembradas 1,25 millones de hectáreas, que es la superficie que consideran algunos operadores privados.

Un millón de toneladas más son US$ 350 millones más de ingreso. Si se concreta, una vez más el agro será el factor de recuperación de las exportaciones de 2017. Aunque fundamentalmente eso obedezca al azar climático. Y todavía falta sortear los riesgos de las cosechas en marzo y abril.

La producción también será mayor a la prevista en maíz y sorgo aunque en este caso las superficies sembradas son mucho menores, del orden de 70 mil hectáreas de maíz y 50 mil de sorgo para grano seco. Pero ambos granos tienen una superficie más importante sembrada para silo que tendrá altas productividades y dará sostén a la producción ganadera. Aunque el precio de los granos en si será bajo porque la producción regional será enorme.

Más allá de las fronteras


Las lluvias tienen su efecto también sobre el rendimiento de los cultivos en los países vecinos y por lo tanto, con una producción récord prevista para soja y maíz en Brasil, los precios internacionales pueden quedar presionados a la baja.

El gran perjudicado por las lluvias persistentes puede ser el arroz, que necesita de luminosidad para concretar los rendimientos y que ya sobre fines de febrero debería estar empezando la cosecha en el norte. Es la primera recolección que empieza a correr riesgos si no cesa de llover en marzo. Pasado este mes, empieza la etapa decisiva en la que la ausencia de lluvias se vuelve imprescindible para que el grano pueda ser levantado. Todo el potencial agrícola que generan lluvias en enero y febrero puede verse arruinado si no cesa de llover en el mes que viene y en abril.

Si la cosecha es normal, puede irse corrigiendo hacia arriba la proyección de crecimiento exportador e incluso del PIB. Serían unas 400 mil toneladas adicionales de soja respecto a una zafra normal, 100 mil que se suman en maíz y sorgo, 200 mil terneros más, varios miles de kilos ganados en otras categorías ganaderas, un crecimiento en la producción lechera mayor al que se está previendo. Aunque solo sea por el azar climático en 2017 el agro se encamina a darle una mano al conjunto de la economía y disimular un poco los problemas estructurales que lo amenazan.

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