Opinión

La historia no se repite, pero rima

12 de setiembre de 2015
La historia no se repite, pero rima

Por Eduardo Blasina 

La frase del título es atribuida a Mark Twain, aunque hay quienes dicen que es apócrifa. Sea como sea, la historia tiene ritmos y rimas que se repiten. Los gobiernos estatistas agrandan el Estado hasta que se les cae encima. Como le pasó al batllismo en su momento y le está pasando al PT en Brasil. Gastar cada vez más, aumentar salarios por encima del crecimiento de la productividad, sostener empresas estatales deficitarias, cubrir pérdidas con deudas… hasta que todo se derrumbe. Luego una gran crisis, devaluación, reactivación de exportaciones y la oportunidad vuelve a presentarse. Esa ha sido y sigue siendo la historia de América Latina, de la que solo ha escapado Chile y en parte Colombia, Costa Rica y tal vez Uruguay.

En cierta forma estamos en un punto similar al del año 2000. Brasil ha devaluado, Uruguay no se anima a acompañar la devaluación porque implica cruzar el 10% de inflación. Lo que no se corrigió en tiempos de bonanza es mucho más difícil de corregir con el viento en contra. Y entre dos males, la inflación por un lado y la competitividad por otro, hay que optar por lo que parezca el mal menor. El déficit dejado en tiempos de bonanza no se podrá bajar en tiempos de adversidad.

En el año 2000 y los años siguientes el equipo económico del gobierno de Jorge Batlle entendió que preservar la baja inflación era prioritario y dejar que el dólar subiera era demasiado traumático. Sacrificar la competitividad era el mal menor. Y todos sabemos como fue el final de la historia. Remar contra la corriente de un Brasil era una utopía. Y tras unos meses de brazadas que no llevaban a avanzar, finalmente nos llevó la correntada devaluatoria en una forma turbulenta.

Las calificadoras nos mantenían el grado de inversión. El riesgo país era bajo. Bastaba usar un poco de las abundantes reservas para contener al dólar. Un informe reciente de JPMorgan sobre Brasil es encabezado con una ilustrativa frase del economista Rudriger Dornbusch: “Las crisis demoran mucho más de lo esperado en llegar. Pero una vez que llegan transcurren mucho más velozmente de lo que se pensaba”. Nadie imaginaba la crisis de Brasil tres o cuatro años atrás. Ese mismo informe ubica la cotización del dólar en Brasil a fin de año en 4,10 reales. Un pronóstico que hubiera parecido muy intrépido hace unas semanas pero que ahora tal vez pueda parecer muy precavido.

Es un momento crucial ¿Mantendrá el Banco Central un dólar debajo de $ 30 cuando Brasil cruce los 4 reales por dólar? La relación de largo plazo que se estableció naturalmente en estos años de crecimiento económico fue de 10 a 1. Lo que daría que con un dólar en Brasil a 3,85 reales significaría un dólar uruguayo de $ 38,50. Hoy la relación se ha caído a 7,5. Si se mantuviera el 10 a 1  o aún un 9 a 1 la inflación cruzaría el 10%, excepto que se elija algo intrépido como bajar el precio del combustible asumiendo que los US$ 60 por barril que se eligieron como referencia no son una realidad y apostando a que Goldman Sachs acierte con su pronóstico de petróleo a US$ 20.  Si estuviésemos en Oceanía tendríamos ese dólar, la exportación seguiría su marcha y en lugar de un temporal en contra tendríamos una brisa, la inflación pasaría del 2% al 3%. Pero esto es Uruguay y Latinoamérica, no Australia y Nueva Zelanda. Así que la tarea urgente es evitar que se repita la historia que empezó con devaluación en Brasil y terminó en una grave crisis en Uruguay. Que la oportunidad que lleva 12 años no naufrague.

Hay una diferencia fundamental entre el país de entonces y el actual. En aquel entonces la agricultura y la forestación eran sectores menores. Aunque el área agrícola baje este año, será incomparablemente mayor a la del año 2000 cuando la soja no llegaba a 10 mil hectáreas:  en esta primavera superará un millón de hectáreas, 100 veces más.

Casi no había cadenas de exportación forestal a gran escala. Hoy hay un sector de pulpa de papel que es un gran exportador y que complementa a toda una gama de productos exportados. Y debajo de los árboles se han instalado los vacunos.

Y lo principal. En aquel momento vino la aftosa y arrasó con las exportaciones de carne. Hoy la carne uruguaya no es una materia prima sino una materia Premium.

En este año y medio difícil que queda por delante, la ganadería sacará las castañas del fuego. Acompañada de la forestación, de la agricultura que pueda persistir, que será menos que en años anteriores. Del turismo y el software y otros sectores que se han desarrollado en estos 10 años.

Pero cruzaremos solo si se preservan equilibrios básicos y hay una mayor flexibilidad cambiaria que la que hubo entre 1999 y 2002. Y aún así, con empresas públicas dando déficit gigantescos y servicios ineficientes será muy difícil. Sin reformas arriesgamos a que la rima de la historia se parezca mucho a historias que ya vivimos.

Si seguimos comprando estabilidad con las reservas del Banco Central veremos el riesgo país de Uruguay subir, la economía frenar porque las exportaciones no compiten y nos acercaremos al cierre de la ventana de oportunidad. Una historia que ya vimos. En setiembre de 2000 el riesgo país era el mismo que ahora. Que ahora la estrategia sea distinta.

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