Opinión

FAO recomienda menos consumo de productos de origen animal para frenar el cambio climático

19 de octubre de 2016
FAO recomienda menos consumo de productos de origen animal para frenar el cambio climático

Por Eduardo Blasina

La FAO publicó este lunes su informe anual sobre situación de la agricultura, con el clima como tema central y con fuertes implicancias para la producción de carne y lácteos. Adjudica a la agricultura 20% de la emisión de gases de efecto invernadero y recomienda consumir menos carne y lácteos.

Por considerarlo de gran importancia transcribimos textualmente fragmentos de este informe. El informe completo está disponible en http://www.fao.org/3/a-i6030s.pdf

En particular recomendamos leer el último párrafo de esta selección del extenso informe de FAO.

La agricultura, y el sector alimentario en general, tienen una importante responsabilidad en la mitigación del cambio climático. Conjuntamente, la agricultura, la actividad forestal y el cambio del uso de la tierra representan alrededor de la quinta parte de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Las emisiones de dióxido de carbono de la agricultura pueden atribuirse principalmente a la pérdida de materia orgánica por encima y por debajo del suelo, a través de los cambios en el uso de la tierra, tales como la conversión de los bosques en pastizales o tierras de cultivo, y la degradación de la tierra, como la ocasionada por el pastoreo. La mayor parte de las emisiones directas de metano y óxido nitroso, dos poderosos gases de efecto invernadero, son el resultado de la fermentación entérica en el ganado, la producción de arroz en campos anegados y la aplicación de fertilizantes de nitrógeno y estiércol, todo lo cual puede reducirse aplicando mejores prácticas de gestión. La proporción del sistema alimentario en su conjunto en el total de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero es aún mayor: la fabricación de productos agroquímicos, el uso de energía fósil en las actividades agrícolas y en el transporte, elaboración y venta al por menor posteriores a la producción generan nuevas emisiones.

Todas las pruebas disponibles confirman que el clima está cambiando y que es improbable que estos cambios se detengan o reviertan en el futuro inmediato. Por otro lado, no hay duda de que el cambio climático afectará a los sectores agrícolas y a la seguridad alimentaria y de que su impacto negativo será cada vez más severo a medida que el proceso se acelere.

En algunos lugares especialmente vulnerables como… zonas afectadas por fenómenos meteorológicos y climáticos extremos de gran escala, el impacto podría ser catastrófico.

En gran parte dependerá de la velocidad del cambio climático y de la magnitud de sus efectos. En la mejor de las hipótesis, los cambios evolucionarían a un ritmo y en una magnitud que permitirían a los sectores agrícolas adaptarse con medios relativamente sencillos, al menos a medio plazo. Los descensos de productividad, de haberlos, serían relativamente leves y graduales, con pocos o ningún efecto no lineal brusco. En ese caso, el impacto sobre la seguridad alimentaria a escala mundial sería moderado.

En una hipótesis totalmente diferente, pero verosímil, se producirían —incluso a medio plazo— casos generalizados de cambios no lineales bruscos, haciendo casi imposible la adecuada adaptación de los sectores agrícolas en numerosos lugares y ocasionando drásticos descensos de la productividad. Aunque el impacto sobre la productividad no llegara a ser mundial, sí estaría al menos muy generalizado, tanto desde el punto de vista geográfico como del tamaño de las poblaciones afectadas.

Las repercusiones para la seguridad alimentaria serían muy importantes. La escasez de suministros daría lugar a una elevación importante de los precios de los alimentos, mientras que la mayor variabilidad del clima tendría como resultado un aumento de la volatilidad de dichos precios.

A largo plazo, salvo que se adopten medidas para detener y revertir el cambio climático, la producción alimentaria resultaría imposible en grandes áreas del mundo. Por todo ello, hay que adoptar medidas urgentes para hacer frente a los posibles efectos del cambio climático en la agricultura y la seguridad alimentaria.

La incertidumbre no justifica los retrasos en la aplicación de medidas orientadas a la adaptación al cambio climático y su mitigación. La urgencia se debe a dos preocupaciones principales. Por un lado, los efectos del cambio climático son ya evidentes, aumentarán con el tiempo y podrían alcanzar dimensiones realmente importantes. Por otro, tanto los factores que influyen en el cambio climático como las respuestas a dicho cambio requieren períodos de tiempo largos. Las actuales emisiones de gases de efecto invernadero están llevando a nuestro planeta hacia un calentamiento global irreversible cuyas repercusiones se harán notar durante muchas décadas.

Estos riesgos a largo plazo son la razón fundamental por la que la comunidad internacional se ha comprometido con el objetivo de estabilizar el clima de la Tierra. Las sociedades en general deben actuar hoy de manera decisiva para mitigar el cambio climático, a fin de evitar el riesgo de una inseguridad alimentaria grave.

No cabe descartar la posibilidad de que el cambio climático llegue a hacer inviable la alimentación de la humanidad en algún momento futuro desconocido, más o menos distante. Incluso en un horizonte de tiempo más corto, las consecuencias para la seguridad alimentaria pueden ser graves en algunos lugares. La agricultura y la actividad forestal poseen un gran potencial para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Si el crecimiento que es necesario lograr en la agricultura para garantizar la seguridad alimentaria mundial en el futuro se consigue con un aumento de las emisiones similar al del pasado reciente, el objetivo de mantener el aumento de la temperatura mundial por debajo de 2 °C será difícil de alcanzar.

Reducir la intensidad de las emisiones a lo largo de toda la cadena alimentaria requerirá importantes cambios en la sensibilización de los consumidores, así como incentivos de precios que favorezcan a productos alimenticios con mucha menor huella ecológica.

El reequilibrio de los regímenes alimenticios con objeto de disminuir los alimentos de origen animal supondría una contribución notable en esta dirección, con probables beneficios conjuntos para la salud humana.

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