Opinión

Es capaz la ganadería de superar los altos costos? (parte 1)

14 de diciembre de 2017

Por Eduardo Blasina

Se le podrá llamar atraso cambiario, o se le podrá decir moneda fuerte. Desde mi punto de vista, el dólar “a más o menos 30 pesos” es una realidad con la que hay que lidiar. Argentina está en la misma situación. Ningún economista pronostica que el dólar de un salto.

Es capaz la ganadería de crecer y atraer inversiones en el corto, mediano y largo plazo con este dólar?

Hay una respuesta de Perogrullo que es “depende”. Es claro que con paros cuando hay casi sequía en el momento pico de zafra, es muy difícil. Y es claro que hay un montón de dificultades.

Pongamos como hipótesis un crecimiento parejo de inflación y dólar, digamos que 6% por año para 2018 y 2019. El dólar sube unos dos pesos por año, el dólar termina 2018 en $ 31 y 2019 en $ 33.

La economía lo resiste, algunos rubros seguramente no lo resisten. ¿Puede la ganadería crecer sosteniblemente y ser un ámbito atrayente de inversión con ese dólar que va parejo con la inflación y prolonga el relativo encarecimiento de Uruguay? Entiendo que es el escenario más probable: este es el primer atraso cambiario de la historia que llega para quedarse. Al menos hasta el 1 de marzo de 2020. Van a seguir llegando inversiones, va a seguir llegando el turismo, la región sigue atrayendo dólares del mundo, el dólar seguirá abundando. 

La ganadería podría de aquí al 2020 consolidar un conjunto de situaciones que le permitieran acceder a un escalón adicional de precios, desde el precio de exportación de carne al del novillo que permitieran a muchos productores cerrar la ecuación.

En un platillo de la balanza están los costos.  Del otro la expansión de la clase media en el mundo, la perspectiva de ampliar más tarde o  más temprano el cupo adicional con Europa, el ingreso a Japón, la posibilidad de bajar aranceles con Asia o captar mercados que todavía no han sido efectivamente abiertos en el sur de Asia.

Tal vez también sumando a ese escenario podría darse en 2018 a 2020 un crecimiento importante de la economía de Brasil, algo que limita la oferta exportable y levanta todos los precios. El precio de la carne vacuna este año sube, pero solo 1,5% no es concluyente, aunque ayuda a resistir competitivamente.

La persistencia de un interés muy alto desde Asia por la carne y de un prestigio de marca país en la carne que es fuerte, y confirmado  en el plato, dan la chance de seguir recuperando precio de exportación hasta recuperar los US$ 4.000 que tuvo en el pasado.

Esa no es tarea sencilla, porque ahora China representa el 50% de las exportaciones y el precio promedio de los envíos a ese país tienen un precio menor a US$ 3.000. Pero es un precio creciente y si Uruguay calza entre los millones de ricos de Asia, ese escenario es posible.  O tal vez hay una recuperación más amplia, la de los BRICS, veamos.

El precio de la carne exportada a China subió 4%. No es mucho, pero es importante si consideramos que el volumen exportado creció 18%. Exportar más no altera el precio.

El precio de exportación  a Rusia creció este año 8%. Rusia ha perdido en volumen, pero el mundial del año que viene puede generar un empuje de demanda y si la economía rusa levanta, las importaciones crecerán

El precio promedio de exportación a Brasil sube este año 18%. Puede que la nueva fase de crecimiento mundial, lo sostenido del crecimiento de China, la salida de la fase recesiva de Rusia y Brasil, pueden ser un factor de sostén, pero no es el único.

El precio accesible del grano y la persistencia de la cuota 481, la estabilidad de la exportación de ganado en pie generan dos vías de sostén de los precios.

Al mismo tiempo vienen años de poca faena y por lo tanto de ajustes en la industria, que si no se tramitan ordenadamente pueden generar problemas como los que se vieron en el final de este año. Y muchos productores podrán cuestionar como ingenuamente optimista la descripción anterior.

La competitividad de la ganadería en un país persistentemente caro es un tema central para Uruguay, hace a la lógica del uso de la tierra en lo que queda de este siglo. En la medida en que se le den otros componentes de estabilidad además de la cambiaria y siga escalando en la diferenciación y sea vista como “carne de etiqueta”, la retención de vientres puede seguir indicando que la chance de la ganadería de mediano plazo está intacta.

Seguirá analizado en la próxima edición.

 

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