Opinión

El quiebre del petróleo, una nueva era para las materias primas

30 de noviembre de 2014
El quiebre del petróleo, una nueva era para las materias primas

La fase de restricciones maltusianas de las materias primas ha quedado definitivamente atrás esta semana con la decisión de los países exportadores de la OPEP en este histórico jueves 27 de noviembre de mantener la producción de petróleo en los 30 millones de barriles por día que vienen saturando a un mercado cada vez más abastecido desde EEUU y con un uso creciente de fuentes de energía alternativas.  De los US$ 140 que promedió en el invierno de 2008 ha aterrizado a US$ 70 en el cierre de ayer viernes. Una caída que se ha vuelto vertiginosa en los últimos cuatro meses y que se dispone a explorar nuevos mínimos.

A partir del atentado de las torres gemelas del 11 de setiembre de 2001, que marcó el comienzo político y cultural del este oscuro siglo XXI, la energía se había vuelto un bien crecientemente escaso. EEUU era el principal importador mundial. Su producción iba en caída desde hacía décadas. La China emergente compraba cada vez más. Y un grupo de terroristas saudíes -los mayores exportadores mundiales- provocaba el mayor atentado de la historia al mayor importador mundial.

EEUU echó mano al maíz para empezar a frenar su necesidad de petróleo y durante 12 años el mundo tuvo precios altos del petróleo y de los granos. 

Pero no sólo recurrió a los granos. Apostó a la innovación, como todo el mundo. Europa se la jugó a sustituir la energía fósil por energías renovables. EEUU apostó a nuevas formas de sacar la energía fósil que le quedaba. Y los árabes siguieron enterrándose en la mayor crisis de su historia como civilización, ahogándose en un mar de facciones matándose mutuamente.

El uso de petróleo para generar energía eléctrica será en poco tiempo más algo del pasado, por ahora simplemente va en picada en casi todo el mundo. La demanda por crudo se estabiliza, la oferta de EEUU se dispara. 

En una primera instancia eso equilibró al mercado que venía subiendo y en 2008 había llegado a casi US$ 150 por barril. En el segundo semestre de 2013 y primer semestre de 2014, permaneció varios meses en las cercanías de los US$ 110 que Ancap tomó como referencia cuando fijo precios de combustibles por última vez. Y desde julio hasta ahora estamos ante un fenómeno histórico. El petróleo se desploma. Está en el nivel más bajo en cuatro años y ahora puede suponerse que siga bajando. Los 30 millones de barriles diarios que producen los países de la Organización de Exportadores de Petróleo son más de lo que el mundo precisa. 

Dentro de la Opep, un grupo de países en general bastante caóticos, donde la democracia y la sensatez económica escasean, las posiciones estaban divididas. Los jeques que están sentados sobre un océano de petróleo y billetes como Arabia Saudí no tienen problema con que el petróleo baje. Los saudíes tienen US$ 700.000 millones en reservas. Pueden perder dinero algunos años si con eso logran frenar los proyectos de energía alternativa.

Pero países como Venezuela o Irán, precisan urgentemente mejorar sus ingresos de caja. Querían recortar la producción. Pero quedaron en minoría. 

La mayoría de los analistas consideraba previamente al encuentro que un recorte de un millón de barriles por día, es decir llevar la producción de 30 a 29 millones, no evitaría que el mercado se siguiera saturando. Porque EEUU con el fracking y el shale gas, está sacando energía fósil a borbotones. Ganando en competitividad, acelerando su economía, y con la bolsa de Valores marcando récords a través del Dow Jones.

En países como Nigeria, Irán, Irak, Libia, Venezuela, la baja de precios acentuará los dramas que esas sociedades ya atraviesan. Tensiones sociales enormes, facciones en lucha, estados fallidos. En el caso de Libia una anarquía que no imaginaría el más exagerado de los autores de ciencia ficción.

Para Uruguay es una comprobación más que la cautela debe  primar. El precio de los granos fue asociado con el petróleo hacia arriba cuando la euforia de los biocombustibles. ahora seguramente también acompañe en la baja. Es más los propios biocombustibles que fueron tan promocionados pueden quedar en poco tiempo más bastante obsoletos, tratando de sustituir a un combustible que cada vez abunda más.

En los países en los que el costo de la energía baja, la competitividad mejora y las economías pueden salir de su gran debilidad. Europa ha hecho una apuesta a independizarse de la energía fósil que la hace beneficiarse menos de esta baja del petróleo aunque tal vez en el largo plazo logre la competitividad más valedera a través de sus proyectos que combinan energía nuclear, solar y eólica entre otras.

La decisión de la OPEP consolida una nueva era de combustibles mucho más baratos que antes. Imprescindiblemente baratos porque si no son así en Uruguay se dejará de ser competitivo con el resto del mundo.

El cimbronazo será espectacular. La Rusia de Putin queda mucho más acorralada, el rublo se devaluará más de lo que ya lo ha hecho, Europa seguirá creciendo a tasas bajas, luchando por construir su futuro de energías limpias pero caras. Los pobres árabes acentuarán su abismal debacle con un ajuste fiscal en la mayoría de los países inevitablemente derivado de este proceso. Argentina que estaba jugada a su mega yacimiento de Vaca Muerta tanto demoró que ahora quien sabe si arranque. El destape de las irregularidades abismales de Petrobras en Brasil tendrá una mayor dimensión porque a esas empresas se les terminan los superávit fáciles.

Y Ancap deberá en algún momento abandonar esta sigilosa contribución a equilibrar las cuentas del Estado, obteniendo una ganancia monopólica por vender referenciado a US$ 110 por barril lo que está comprando a menos de US$ 80.

El mundo se irá liberando de la necesidad de usar granos para alimentar motores de autos. El tsunami de petróleo que parte de EEUU lo está cambiando todo. Y a una velocidad de vértigo en el resto del mundo. En Uruguay todo demora un poquito más. Tras 12 años de amenaza maltusiana el ingenio humano ha vuelto a poner disponible energía en abundancia. Una etapa nueva a la que hay que adaptarse. Y a la luz de la feroz caída que tuvo la soja ayer viernes, la adaptación no será fácil. El precio del petróleo manda al de los granos. Y ahora los está mandando para abajo. Los costos bajan en el resto del mundo.

Por Eduardo Blasina

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