Opinión

De gas y abigeato

15 de mayo de 2016
De gas y abigeato

Por Eduardo Blasina

Publicado en El Observador

La oportunidad de Uruguay surgió de la mano del super ciclo de las materias primas y pasada la misma,  está en su momento más frágil.Caros, con inflación de más de 10%, déficit fiscal estabilizado en más de 3%. Reactivar la economía es bastante urgente. Y a mano, con escala como para mover al conjunto, lo que hay  es el agro. El turismo, el software, todo ayuda. Pero 1.000 millones de un saque, eso lo da la soja, y cuotas regulares de decenas de millones, eso es carne y lácteos.

¿Cómo se podría salir del estancamiento? Es evidente: por el agro. Porque además, los precios han bajado, pero siguen siendo mejores que los del siglo XX.  A la inversa, mientras el agro esté planchado, será difícil que el conjunto recupere. Y para que el estancamiento se vaya, es necesario un shock de expectativas. 

Los argentinos tienen un rumbo claro y ya en trigo nos pasarán por arriba este invierno. ¿No será urgente dar señales de respaldo a quienes tienen que invertir para reactivar la economía  lo antes posible? Señales que permitan mantener al agro andando mientras los precios consolidan una recuperación que ya insinúan.

El problema es que las señales que llegan muchas veces exasperan o generan dudas.

Un caso es el agrícola, pilar clave de la mejora económica uruguaya 2003/15. En el sector agrícola se procesaron cambios tecnológicos para mejorar el acondicionamiento de los granos. En lugar de secar con leña, un proceso lento, caro y que puede dejar en los granos un olor ahumado que la demanda no quiere, se hicieron importantes inversiones para secar a gas. Limpio, eficiente y aunque sea energía fósil es amigable en términos de calentamiento global.

Este año en el que resultó urgente secar, cuando más se precisó, el gas no estuvo. Y todavía esta semana sigue sin estar en algunas zonas. Llega tarde, demora la estadía de los camiones, demora el regreso de los camiones a buscar más grano a las chacras, complica la posible salida de trigo en momentos en que aparece una tímida demanda para exportar y demora in eternum la presencia de barcos esperando cargar. Cada día decenas de miles de dólares perdidos pagando tarifa de barcos vacíos.

Miles de personas jugándose el año. Trabajando con la máxima tensión y  urgencia para que los granos puedan entregarse antes de que la humedad los estropee luchando por salvar lo que no se perdió en el diluviode abril. Por otro lado aquellos que apostaron a invertir para mejorar tecnológicamente y sustituir la leña, perdieron.  Leña hay, gas no hay. La moraleja de la historia podría ser “mejor no haber invertido”.Unas decenas deciden hacer un paro en la semana en la que tienen mayor poder de negociación del año. Las otras 51 semanas trabajarán normal. Pero en la decisiva, no. Así es difícil.Los agricultores no son culpables de los problemas de los trabajadores del gas. Y el gremialismo se supone que de solidaridad entiende.

Otro caso es el de los ovinos. Todo estaría dado para invertir. La proximidad del ingreso a EEUU con carne con hueso, los precios estables de lana y carne son estables y aceptablemente buenos. Es un rubro que ya ha estado en las tierras agrícolas más fértiles o en las más pedregosas y rústicas. Es el mejor preventivo ante eventuales sequías, escenario probable para este verano si se confirma una situación Niña en el Pacífico. Es una actividad socialmente valiosa que realizan especialmente pequeños productores. Pero que hacen cada vez menos. Había 25 milllones de ovinos en Uruguay en 1990. Quedaban 13 millones en el 2000 y 7,7 millones en 2010. Cada década la mitad de ovinos que la anterior.El recuento de 2015 da solo 6,6 millones.

Si se tratara de una producción que quedó obsoleta por algún motivo, deberíamos convalidarlo. La gente ya no quiere más buzos de lana? La carne de cordero ya no gusta? Bueno en tal caso una baja en la majada sería la lógica adaptación de la población a la obsolescencia del producto. Si la gente le hubiese dado  la espalda a la lana o a la carne ovina, deberíamos aceptar que la demanda manda.

Pero no es el caso. Es más, es todo lo contrario! Millones de personas aman la carne ovina y la pagan más que al resto de las carnes rojas. Un plato de cordero y una prenda de lana son objetos finos, lejos de ser una indiferenciada materia prima. La carne de cordero ha convalidado un precio superior al de novillo y el precio de la lana es un ejemplo de estabilidad que no es fácil de encontrar entre las materias primas. Si la cantidad de ovinos baja es por la indignación que produce encontrar degollada la cabeza de un cordero.

La idea del robo para comer vinculada a que se mate un cordero es completamente obsoleta. Debe serlo. El gobierno no puede sostener que avanzado el siglo XXI en un Uruguay que hace ya muchos años tiene un Mides, la gente mata corderos acuciada por el hambre.

Y que entonces es atenuante robar un cordero para comer. Si eso es entonces se está diciendo que las políticas sociales fracasaron irremediablemente. Y como política social cuesta carísimo porque lleva a que cada vez menos gente tenga ovinos.  Muchos que se enfrentan a la escena de sus animales cuereados dejan de tener ovinos. Punto. No se trabaja una vida para que alguien entre y mate para vender y con impunidad. Todo el espectro político debería defender el trabajo de miles de pequeños productores como los de las serranías de Aiguá, o las del basalto en el Salto profundo. Gente de dedos gruesos que en pocas hectáreas de poco potencial agronómico produciendo con ovinos intentan salir adelante y forman una red culturalmente fundamental. No se pueden desmembrar redes de pequeños productores cooperativizados por el accionar otras redes formadas por empresarios clandestinos inescrupulosos. Ser ambiguo con el abigeato no puede ser ni de izquierda ni de derecha ni de centro. El click para decir basta debería ser un cambio cultural que decidimos hacer como sociedad y que debería ser acompañado hasta por las sociedades protectoras de animales.

Defender a quienes trabajan día y noche con los ovinos sin ambigüedad debería ser otro pacto nacional. Ya que los partidos se están reuniendo, también un interesante cambio cultural, avancemos con otros.

Del mismo modo que acordar una paz sindical dos o tres semanas al año reconociendo que hay unas pocas semanas agrícolas en el año que tienen que ser esenciales, debería lograrse de común acuerdo.

Uruguay está a punto de lograr entrar a EEUU con carne con hueso, a punto de dar un salto comercial por el que espera hace años. El Parlamento difícilmente logre ese cambio cultural si mantiene atenuantes. Quienes enfrentan dificultades por la desocupación y el invierno tienen que encaminarse  al Mides. Allí deben tener  asistencia, una buena alimentación, un dietista, el marco de contención que necesita. Si salta el alambrado a degollar tiene que tener claro que no hay contemplaciones.  En un país civilizado, de primera. En Holanda o en Nueva Zelanda, no existe ni siquiera la idea de abigeato. La ley que empieza a discutirse solo servirá si ayuda a generar un cambio cultural. Que en que en poco tiempo el abigeato deje de existir.

Es por la lógica de la solidaridad que debe lograrse un consenso nacional de erradicación del abigeato como delito. Y para empezar el cambio cultural habría que desterrar la palabra abigeato. Se llama robo de animales.

Con una agricultura motivada en las tierras más fértiles y losovinocultores motivados en las tierras más difíciles y con un sector carne vacuna y forestal funcionando:  la economía puede arrancar de nuevo.  Falta el shock de expectativas.

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